
Heme aquí, otra jóven, casi vieja, en otro mes casi seco, languideciendo en silencio; con una casi niña, que no lee a cuestas, llueve afuera, pero no llueve adentro. Entre la juventud y la vejez, subyace un rincón sin tiempo, como quien dormita tras un veloz pasatiempo, descansando en el relevo entre dos distantes puertos; otra escala en el viaje sin destino de los sueños. El anochecer estornuda con la oleada de frío intenso, del casi cercano invierno. Lo mismo se siente a los 15 que a los 60, musitan los casi verdes cerros. Hoy por poco, tejo el viento en una casa llena de corrientes, al pie de lomas en tiestos y de las piedras vivientes. Pasa hambre sólo quien suplica, en manos débiles lo eterno, casi se trueca en pasajero. Nada crece, ni se multiplica con más urgencia que el miedo; el tigre de los años a casi todos devora, excepto a los que como tigres, se devoran a su tiempo. Sólo se gasta la ropa, nosotros nos renovamos en cada intento de sentirnos casi nuevos. Preferí perder la pasión, todo lo que se conserva pasa a ser adulterado. No he perdido mi vista, olfato, oído, gusto o tacto; sólo me muevo en otros planos. Las membranas también excitan, cuando los sentidos se hallan en múltiples espejos, divagando. Como gaviota contra viento, como en arenal el grano; somos sólo sentimientos, volando en cielos prestados...
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